El Índice de Incertidumbre Económica se mantuvo en un nivel históricamente elevado en julio, mientras otro informe del Observatorio de la Deuda Social destacó el impacto de la AUH y la Tarjeta Alimentar para contener la indigencia infantil. El organismo remarcó que la pobreza excede la dimensión de los ingresos.
La economía argentina atraviesa un escenario en el que la mejora de algunas variables macroeconómicas convive con una elevada percepción de incertidumbre entre los hogares. Dos informes de la Universidad Católica Argentina (UCA) pusieron el foco sobre esa tensión y sus efectos tanto en las decisiones económicas como en las condiciones de vida de niños, niñas y adolescentes.
El Índice de Incertidumbre Económica de la UCA alcanzó 54 puntos en julio, lo que implica que, por cada 10.000 palabras presentes en mensajes económicos, 54 estuvieron vinculadas con situaciones de incertidumbre. El indicador consolidó así el incremento registrado durante los últimos meses, después de haber perforado el nivel de 50 en enero.
Las principales preocupaciones identificadas fueron la política, la inestabilidad económica y el trabajo.
El dato resulta significativo porque la estabilización de variables como la inflación no necesariamente se traduce de manera inmediata en una mayor previsibilidad para las familias. Las expectativas sobre el futuro, la estabilidad de los ingresos y la capacidad de afrontar gastos condicionan decisiones vinculadas con el consumo, el ahorro, la inversión y el endeudamiento.
La AUH y la Tarjeta Alimentar como contención
En paralelo, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA analizó la situación de niños, niñas y adolescentes y destacó el papel de las principales transferencias estatales destinadas a los hogares con menores.
El informe señala que la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar cumplen una función especialmente relevante para contener situaciones de indigencia e inseguridad alimentaria. Las transferencias permiten amortiguar la pérdida de ingresos y funcionan como una red de protección para las familias que no logran cubrir sus necesidades básicas.
Sin embargo, la UCA advierte que ese efecto de contención no equivale a una solución integral de la pobreza infantil.
El organismo plantea que las condiciones de vida de los chicos también dependen del acceso a bienes y experiencias que exceden la alimentación. La posibilidad de contar con ropa adecuada, socializar con pares y desarrollar actividades vinculadas con el aprendizaje también forma parte de las dimensiones que pueden verse afectadas.
De esta manera, una familia puede superar el umbral de indigencia porque sus ingresos permiten cubrir la canasta básica alimentaria y, al mismo tiempo, mantener dificultades para afrontar otros gastos necesarios para el desarrollo de los niños.
El empleo de los adultos, una variable clave
En este escenario, el mercado laboral aparece como uno de los principales factores detrás de la situación social. Las transferencias estatales pueden amortiguar los efectos de una crisis de ingresos, pero tienen un alcance limitado cuando los adultos del hogar no cuentan con empleos capaces de garantizar ingresos suficientes.
La UCA ya había señalado en análisis anteriores sobre inseguridad alimentaria infantil que el empleo de los adultos constituye un factor determinante para explicar las condiciones de alimentación de los niños.
Así, los informes plantean dos caras de un mismo escenario: mientras la asistencia social cumple un papel importante para evitar situaciones extremas, la persistencia de la incertidumbre económica y las dificultades del mercado laboral mantienen abiertos problemas que la estabilización macroeconómica todavía no logró resolver.
