El IPI manufacturero registró en julio su mayor caída mensual desde marzo de 2025 y quedó en niveles cercanos a los del inicio de la gestión de Javier Milei. La baja del consumo, el avance de las importaciones y el deterioro financiero de las empresas explican buena parte del retroceso.
La industria manufacturera profundizó su crisis en julio. El Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero cayó 5% respecto de junio, en lo que representa el mayor derrumbe mensual desde marzo de 2025.
El dato publicado por el INDEC muestra además que tanto la serie desestacionalizada como la tendencia-ciclo descendieron hasta su nivel más bajo desde junio de 2024, cuando la economía todavía atravesaba el impacto del fuerte ajuste aplicado durante los primeros meses del gobierno de Javier Milei.
La comparación interanual también mostró un retroceso: la producción industrial cayó 4,9% frente a julio de 2025.
El deterioro fue generalizado. Todas las divisiones industriales registraron bajas frente al mes anterior y, en términos interanuales, sólo el sector de madera logró escapar al resultado negativo.
Muebles, metal y automotores encabezaron la caída
Entre los principales sectores industriales, los retrocesos mensuales más pronunciados se registraron en Muebles y otras industrias manufactureras (-13,9%), Productos de metal, maquinaria y equipo (-8%) y Automotores y otros equipos de transporte (-6,4%).
La comparación con julio del año pasado muestra otro conjunto de sectores particularmente golpeados.
La producción de Maquinaria y equipo cayó 20,5%, mientras que Otros equipos, aparatos e instrumentos retrocedió 19,1%. En tanto, la fabricación de Prendas de vestir bajó 15,9%.
El deterioro de estos sectores refleja una combinación de menor demanda interna y una mayor competencia de productos importados.
Menos consumo y más productos importados
La industria enfrenta un problema doble: un mercado interno con bajos niveles de consumo y un incremento de la competencia de bienes provenientes del exterior.
La situación es particularmente visible en la fabricación de maquinaria agrícola, electrodomésticos y productos electrónicos.
El sector textil también muestra el impacto de este proceso. Según un relevamiento de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), desde noviembre de 2023 se perdieron 26.851 empleos formales y cerraron 750 establecimientos.
La entidad también alertó sobre un cambio en la composición del comercio exterior: mientras disminuyen las importaciones de materias primas, hilados y tejidos, aumentan las compras de prendas terminadas.
El fenómeno fue resumido por el sector con una frase: “Ingresa producto final en lugar de insumo”.
La industria automotriz produce según la demanda
El sector automotor también atraviesa una etapa de contracción.
El presidente de la Asociación de Fabricantes de Automotores de la República Argentina (ADEFA), Rodrigo Pérez Graziano, describió la situación como una “etapa de reacomodamiento”, en la que las fábricas adaptan su producción al nivel de stocks y a la demanda del mercado interno.
Desde el sector reclaman avanzar con medidas destinadas a mejorar la competitividad, entre ellas una reducción de la carga impositiva y nuevos acuerdos comerciales.
La preocupación se vincula con un problema que atraviesa a buena parte de la industria: producir más en un mercado interno debilitado resulta difícil cuando, al mismo tiempo, las empresas deben competir con bienes importados.
El problema financiero se suma a la caída de la producción
La contracción de la actividad ocurre además en un contexto de mayor presión financiera sobre las empresas.
Un informe de la consultora Industria y Desarrollo (I+D), conducida por el exdirectivo de la Unión Industrial Argentina Diego Coatz, describió el escenario como un “torniquete financiero”.
El diagnóstico combina la debilidad de la demanda y el aumento de los costos con tasas reales positivas para financiarse, mientras los precios industriales avanzan por debajo de otros componentes de la economía.
La situación también aparece reflejada en un relevamiento de la UIA: el 47,6% de las empresas tuvo en julio dificultades para afrontar completamente al menos uno de sus pagos, entre salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios públicos e impuestos.
Los problemas más importantes se concentraron en los pagos a proveedores y de impuestos.
Pero el dato más preocupante aparece entre las empresas con dificultades generalizadas: el 9,2% registró atrasos simultáneos en todos los tipos de pagos, el nivel más elevado desde que existen registros y más del doble del promedio histórico, ubicado en 4%.
Más deuda y una mora industrial en aumento
La falta de liquidez obliga a muchas compañías a buscar financiamiento para sostener su funcionamiento cotidiano.
Entre las empresas que tuvieron dificultades de pago, el 56,2% recurrió a financiamiento de corto plazo o incrementó su endeudamiento, mientras que el 53,2% enfrentó mayores intereses y costos financieros.
El deterioro también se refleja en los créditos bancarios. La mora —definida como atrasos superiores a 90 días— entre las empresas industriales pasó del 0,7% al 3,8% en el último año y medio.
El problema, por lo tanto, excede la caída de la producción: la menor actividad se combina con menor capacidad de pago y mayores costos financieros, lo que aumenta la presión sobre la continuidad de las empresas.
El desafío para las pymes
El deterioro industrial también reabre la discusión sobre cómo integrar a las pequeñas y medianas empresas a los sectores que muestran mayor dinamismo dentro del modelo económico, como energía, minería y agro.
Desde I+D plantean que las pymes industriales podrían convertirse en proveedoras de esas actividades si logran competir en condiciones similares a las empresas extranjeras.
El diagnóstico toma como ejemplo a Maquinaria y Equipos, cuya producción se encuentra 47,6% por debajo de su máximo de julio de 2022.
La advertencia de la consultora apunta a una tensión central de la economía: el crecimiento de sectores vinculados a recursos naturales puede convivir con una industria manufacturera en retroceso si no se generan mecanismos para vincular ambas dinámicas.
El resultado de julio vuelve a poner esa discusión en primer plano. La industria no sólo produce menos: enfrenta una combinación de menor demanda, competencia importada, costos crecientes, endeudamiento y dificultades para cumplir sus obligaciones, un escenario que amenaza con profundizar la pérdida de empleo y el cierre de empresas si la tendencia continúa.
