La llegada de la primera ola de frío polar del año obligó a restringir el expendio de GNC en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Desde las 6 de la mañana de este martes, las distribuidoras Naturgy y Metrogas ordenaron limitar las ventas al nivel del “firme contratado”, lo que en la práctica implica la suspensión del suministro interrumpible para estaciones de servicio e industrias.
La medida apunta a evitar una caída en la presión de los gasoductos en un contexto de fuerte aumento de la demanda por las bajas temperaturas.
Prioridad para hogares y servicios esenciales
El sistema energético argentino funciona con un esquema de prioridades. Ante picos de consumo, el abastecimiento se garantiza primero a hogares, hospitales y escuelas, mientras que sectores como el GNC y la industria quedan sujetos a recortes.
En este marco, las estaciones de servicio tienen prohibido vender por encima del cupo asignado. De hacerlo, enfrentan sanciones económicas que eliminan cualquier margen de rentabilidad.
Desde el sector relativizan el impacto: explican que el servicio interrumpible contempla este tipo de cortes y que forma parte de las condiciones contractuales.
El factor clima y la presión sobre el sistema
La restricción coincide con el ingreso de una masa de aire polar que afecta al centro del país, con temperaturas de un dígito y alertas meteorológicas en la provincia de Buenos Aires.
Este tipo de eventos dispara el consumo residencial de gas, especialmente para calefacción, lo que tensiona un sistema que tiene limitaciones estructurales en el transporte.
Más autos a gas, más demanda
El escenario se vuelve más complejo por el repunte del uso de GNC. Tras años de caída, el sector comenzó a recuperarse en 2026 impulsado por el aumento de los combustibles líquidos.
Datos del ENARGAS muestran que en marzo se realizaron unas 7.300 conversiones, con subas del 40% mensual y 70% interanual.
El encarecimiento de naftas y gasoil, en parte vinculado a tensiones geopolíticas globales, llevó a transportistas y particulares a volver al gas como alternativa más económica.
La paradoja energética
A pesar de que Argentina registró un fuerte superávit energético en el primer trimestre del año, el país sigue dependiendo de importaciones de gas natural licuado (GNL) durante el invierno.
La razón es estructural: la producción local, concentrada en yacimientos como Vaca Muerta, no puede trasladarse en su totalidad a los centros de consumo por limitaciones en la infraestructura de transporte.
El GNL funciona como un complemento para cubrir picos estacionales, aunque gran parte se destina a la industria.
Norte en alerta y cuello de botella
La situación es aún más delicada en el norte del país. Provincias como Salta, Jujuy y Tucumán enfrentan problemas de abastecimiento agravados por la falta de finalización de obras clave, como la reversión del Gasoducto Norte.
Sectores industriales advierten que la combinación de menor disponibilidad de gas y altos costos del GNL podría derivar en recortes de producción o en el uso de energías alternativas más contaminantes.
GNL caro y menos barcos
El panorama se complica por el contexto internacional. La guerra en Medio Oriente elevó el precio del GNL a niveles cercanos a los USD 20 por millón de BTU, encareciendo las importaciones.
Para este invierno, Argentina tiene asegurados menos cargamentos que en años anteriores, lo que suma incertidumbre al sistema.
Además, el intento del Gobierno de delegar la importación en el sector privado —con interés de firmas como Trafigura y la propia Naturgy— no prosperó, por lo que la operación volvió a manos de Enarsa.
Impacto en la industria
El aumento de costos plantea un escenario complejo para el sector productivo. Según especialistas, a los valores actuales muchas empresas no podrán absorber el precio del GNL.
Esto abre la puerta a recortes de consumo, paradas de planta o sustitución por combustibles más baratos, aunque más contaminantes.
Un invierno bajo tensión
El arranque del frío expone nuevamente las limitaciones del sistema energético argentino: abundancia de recursos, pero restricciones en infraestructura y alta dependencia de factores externos.
Con menor disponibilidad de GNL, precios internacionales en alza y una demanda en crecimiento, el abastecimiento de gas se perfila como uno de los principales desafíos de la temporada invernal.
