El Gobierno de Javier Milei votó junto con Estados Unidos e Israel en contra de una iniciativa destinada a fortalecer la cooperación sanitaria internacional. El documento fue aprobado por 153 países y recibió solo dos abstenciones.
Argentina quedó entre los tres únicos países que votaron en contra de una declaración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) destinada a mejorar la prevención, preparación y respuesta frente a futuras pandemias. El Gobierno de Javier Milei rechazó la iniciativa junto con Estados Unidos e Israel, mientras que otros 153 países respaldaron su aprobación.
La votación se realizó este lunes en la Asamblea General de Naciones Unidas y volvió a reflejar el alineamiento diplomático del Ejecutivo argentino con Washington en organismos multilaterales.
El documento, que no tiene carácter jurídicamente vinculante, promueve una mayor cooperación entre países para enfrentar futuras emergencias sanitarias, con especial atención a la vigilancia epidemiológica, el acceso a medicamentos y vacunas y el fortalecimiento de los sistemas de salud.
Nueva Zelanda y Paraguay fueron los únicos países que se abstuvieron, mientras que el resto de las delegaciones participantes acompañó la declaración.
La decisión argentina se produjo después de que el Gobierno formalizara su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en marzo de 2026, como parte de un cambio en su política de participación en organismos sanitarios internacionales.
Qué propone la declaración que rechazó Argentina
La iniciativa aprobada por la Asamblea General busca reforzar la capacidad de los países para detectar y responder a nuevas amenazas sanitarias antes de que se conviertan en emergencias de alcance mundial.
Entre sus principales objetivos se encuentran el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia epidemiológica, la ampliación de las capacidades sanitarias nacionales y la promoción de la investigación científica.
También plantea desarrollar y producir insumos médicos a escala local y regional, mejorar los mecanismos de financiación y garantizar una mayor participación de las comunidades en las políticas de prevención.
Uno de los puntos centrales es el acceso equitativo a los beneficios derivados del intercambio internacional de información sobre patógenos.
El documento propone que la cooperación científica contribuya a mejorar la disponibilidad de vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas, especialmente en países con menores recursos.
La declaración también reconoce que las pandemias no constituyen únicamente un problema sanitario, sino que pueden generar consecuencias económicas, sociales y de seguridad internacional.
Por ese motivo, plantea la necesidad de coordinar políticas entre gobiernos, instituciones científicas y organismos multilaterales.
Estados Unidos cuestionó el contenido del documento
La declaración debía aprobarse inicialmente por consenso durante una reunión de alto nivel realizada el 25 de septiembre.
Sin embargo, las objeciones presentadas por Estados Unidos y otras delegaciones impidieron alcanzar un acuerdo general, por lo que el texto fue trasladado a la Asamblea General para su votación.
Durante las negociaciones, la representación estadounidense cuestionó la inclusión de lo que denominó “ideologías divisorias que carecen de consenso conceptual”.
También expresó reparos sobre las referencias a cuestiones todavía pendientes del Acuerdo sobre Pandemias impulsado por la OMS.
La posición estadounidense contrastó con la de otros países que defendieron la necesidad de mantener mecanismos multilaterales de cooperación frente a emergencias sanitarias.
Chile, por ejemplo, sostuvo que “ningún país, por muy grande o preparado que esté, puede hacer frente solo a una amenaza que no conoce fronteras”.
Finalmente, el documento consiguió un respaldo ampliamente mayoritario, aunque sin el consenso que se había buscado originalmente.
La OMS pidió avanzar con los compromisos internacionales
Tras la votación, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, celebró la aprobación de la declaración.
“El mundo ha avanzado mucho desde la COVID-19. Instamos a los países a que cumplan ahora los compromisos adquiridos”, expresó.
El funcionario también reclamó que continúen las negociaciones necesarias para implementar el Acuerdo sobre Pandemias de la OMS, adoptado en 2025.
Uno de los principales aspectos pendientes es el Sistema de Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios, conocido como PABS.
Este mecanismo contempla el intercambio de muestras de patógenos y datos genéticos entre países, junto con un sistema para distribuir beneficios derivados del desarrollo de productos médicos.
El objetivo es evitar que el acceso a vacunas, tratamientos y diagnósticos dependa exclusivamente de la capacidad económica o productiva de cada Estado.
La OMS prevé revisar los avances de estas negociaciones en mayo de 2027 o durante una sesión extraordinaria.
El antecedente de la salida argentina de la OMS
El rechazo a la declaración se inscribe en la política internacional que el Gobierno de Milei viene desarrollando en materia de salud pública y cooperación multilateral.
Argentina formalizó su salida de la OMS el 17 de marzo de 2026, después de haber anunciado esa decisión en febrero de 2025.
La medida siguió una orientación similar a la adoptada por el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, que también cuestionó el funcionamiento del organismo internacional.
La votación de este lunes mostró nuevamente una coincidencia entre ambos países, a la que se sumó Israel.
No fue la primera vez que las tres delegaciones quedaron aisladas en una votación de Naciones Unidas.
El 25 de marzo, Argentina, Estados Unidos e Israel también fueron los únicos países que rechazaron una resolución que calificó la trata transatlántica de africanos esclavizados como “el crimen más grave contra la humanidad”.
En aquella oportunidad, la iniciativa recibió 123 votos a favor y 52 abstenciones.
Una nueva diferencia con la mayoría de los países de la ONU
Aunque la declaración sobre pandemias no establece obligaciones jurídicas directas para los Estados, su aprobación representa un compromiso político para fortalecer la coordinación internacional frente a futuras emergencias sanitarias.
La postura argentina no modifica por sí misma la aplicación del documento, que obtuvo un respaldo mayoritario en la Asamblea General.
Sin embargo, el voto negativo vuelve a marcar una diferencia entre la política exterior del Gobierno y la posición adoptada por la gran mayoría de los países miembros de Naciones Unidas.
La decisión también refuerza la coincidencia diplomática con Estados Unidos e Israel, en un contexto en el que la comunidad internacional busca consolidar los mecanismos de prevención y respuesta desarrollados después de la pandemia de COVID-19.
